lunes, 9 de septiembre de 2013

LUCIO BATTISTI "IN MEMORIAM"


Este blog siempre ha hecho gala de un gusto musical de los más ecléctico, que va de la música electrónica de la llamada "escuela de Berlín" al rap reivindicativo, pasando por Yann Tiersen, el rock bronco y desinhibido de The Who o Queen, el sonido progresivo de los 70, el transformismo musical del superviviente nato David Bowie, el mestizaje de Kiko Veneno o Manu Chao, y, por supuesto, el jazz y la música llamada "culta" o "clásica". Siguiendo con este "totum revolutim", la efeméride que recordamos hoy nos da la excusa para glosar la figura de un gigante de la canción italiana, el único de las tres "B" que no había aparecido aún por aquí (los otros son Angelo Branduardi y Franco Battiato; el buscador interno los localiza fácilmente). Con ustedes, la entrañable figura de un monarca que no dejó herederos.



Hoy se cumplen quince años que nos dejó una de las voces más carismáticas de la gran canción italiana que, de los años 60 en adelante, ha acompañado a varias generaciones. El 9 de septiembre de 1998 los noticiarios del país de la bota abrían sus transmisiones con la noticia de que Lucio Battisti, de solo 55 años, había perdido la batalla contra el cáncer.

Es difícil imaginar la conmoción que se abatió sobre nuestros vecinos. Alguien acertó a sintetizar el alcance de la pérdida sufrida afirmando que "Lucio Battisti puso la banda sonora a nuestras vidas". No hay exageración en la frase.

Dotado de una voz áspera y sentida, proclive al falsete, fue uno de tantos jóvenes talentosos que buscó la fama en los años del "boom" económico italiano, la omnipresente TV y el festival de San Remo, del que se convirtió en habitual. El tándem que formó con el letrista Mogol (seudónimo de Giulio Rapetti) fue una máquina de producir hits incansablemente: "Un´avventura", "Non è Francesca", "Acqua azurra, acqua chiara", "Mi ritorni in mente", etc., además de las versiones que hicieron de su música Mina, Dyango, Patty Bravo, Formula Tre, etc., hasta llegar a las más recientes de Sergio Dalma o Laura Pausini y Juanes.



Pero en el tímido joven que era por entonces Battisti latía una ambición musical que iba más allá de poner voz a himnos generacionales. En los convulsos y fructíferos años en que grupos como New Tolls, Le Orme, Banco del Mutuo Soccorso o Premiata Forneria Marconi acudían al formato LP para dar salida a sus pequeñas pero soberbias sinfonías rock, Battisti supo subirse a ese tren y lanzar, entre 1972 y 1973, esa trilogía inigualable formada por "Il mio canto libero", "Umanamente uomo: il sogno" y "Il nostro caro angelo".

Cada uno de aquellos discos rebosaba sensibilidad y armonía, letras profundamente evocadoras y orquestaciones que sentaban cátedra. Las canciones rompían el molde de la tradición melódica italiana para abrirse a un espacio de pura comunicación inédito para el oyente, o si acaso solo comparable a la creatividad ingenua y poética que practicaba Cat Stevens en el mismo periodo. El éxito desbordó las fronteras de Italia y pronto Battisti lanzó versiones de sus éxitos en francés, inglés, alemán ... y castellano, lengua en la que llegó a interpretar hasta 23 de sus canciones a lo largo de los 70.



Musicalmente, prosigue una andadura inquieta que le lleva, en sucesivos álbumes, a aproximarse a la "bossa nova" ("Anima latina", 1974) o a la música disco ("La batería, il contrabasso, etc.", 1976, que curiosamente, incluye su más lograda aproximación a la música brasileña: el tema "Respirando").



Convertido en una primera figura de la música pop, decidió proteger su vida privada, escondida de la fachada del éxito. Limitó sus intervenciones en televisión y se consagró a una música seria e inquieta que cambió radicalmente cuando en 1980 se produce la ruptura -amistosa- con Mogol (su último álbum juntos, "Una giornata uggiosa", no deja atisbar la menor huella de rutina o cansancio, siendo su escucha una experiencia absolutamente gozosa). Tras un disco de transición ("E giá", 1982) aparece un nuevo colaborador en las letras, el poeta romano Pasquale Pannella, que aporta un sesgo intelectual a su producción (su último álbum -1994- está dedicado al filósofo Hegel).

La producción de Battisti se va espaciando, a la vez que comienzan los rumores acerca de su estado de salud, hasta llegar al fatal desenlace.

Como afirma categóricamente la entradilla, ningún cantante ha ocupado el trono del que Battisti disfrutó durante más de tres décadas. Tal vez Eros Ramazotti haya heredado su timbre de voz, Zucchero su desenfado, Tiziano Ferro su insolencia juvenil o Biaggio Antonacci su calidez, pero su magia, expresividad y creatividad siguen inigualadas, accesibles solo en las grabaciones que la tecnología actual pone a nuestro alcance con la frescura de la primera vez.